Transporte urbano

Cómo solucionar la congestión de tráfico de las ciudades: menos carreteras, más carriles bici

En los últimos días, dos estudios acerca del transporte urbano han caído en mis manos. Mientras los leía, me he dado cuenta de que eran perfectamente complementarios. Ambos tratan sobre cómo solucionar la congestión en las ciudades, aunque lo hacen desde puntos de vista muy diferentes.

El primero fue publicado en 2016 por la National Association of City Transportation Officials o NACTO y su título es “Las instalaciones de bici de alta calidad aumenta el número de ciclistas y su seguridad”.

La Universidad de Wisconsin y la State Smart Transportation Initiative (SSTI) publicaron el segundo estudio en septiembre de este año, bajo el título “Mitigación moderna: una aproximación centrada en la demanda”.

Vamos a analizar los resultados de cada uno de ellos.

Construye carriles bici y los ciclistas vendrán

Cuando las ciudades a lo largo de EEUU construyen redes de carril-bici de forma cómoda y protegida, el número de ciclistas comienza a subir y el riesgo de muerte o daño físico a cada ciclista individual se reduce.

Cómo solucionar la congestión de tráfico de las ciudades.jpg

Según este estudio que agrupa resultados de otros análisis, existe además un ciclo virtuoso entre una mayor infraestructura para bicis, servicios de bicicletas compartidas y la seguridad de los ciclistas. Algunos puntos destacados:

  • Siete ciudades analizadas vieron un descenso del número absoluto de ciclistas muertos y heridos, o bien un crecimiento a menor ritmo que el ratio de nuevos ciclistas.
  • Añadir carriles bici protegidos aumenta el número de ciclistas en esas mismas calles entre un 21% y un 171%.
  • Si se conectan las estaciones de bicicletas compartidas con los carriles bici se aumenta su uso.
  • Curioso: hacer que el casco sea obligatorio reduce el uso de bicicletas y no aumenta la seguridad en caso de accidente. Un extremo que niegan otros estudios.

Todo esto puede resumirse así: construye infraestructura para bicicletas y los usuarios la utilizarán. Conéctala entre sí y aumentará su uso. Protege al ciclista separando físicamente sus carriles de los de otros medios de transporte y serán más seguros.

Hay una relación directa entre infraestructura, seguridad, servicios y uso. Todo ello ayuda a solucionar la congestión de las ciudades.

Construir más carreteras no reduce la congestión

Cuando se construye una nueva zona urbana en una ciudad de EEUU, lo normal es que se dé prioridad al coche. Para todo. Por tanto, se le da prioridad a la hora de planificar cómo se van a desplazar los ciudadanos por esa nueva zona. Ya sea de trabajo u ocio.

El problema que se encontraron los investigadores es que cuando añades más capacidad para el coche, se induce a los ciudadanos a conducir más. Unas carreteras más anchas sirven para atraer a más coches. Es un círculo vicioso:

  1. Se construye una carretera de dos carriles por sentido.
  2. Al principio se circula fluido, pero pronto esto atrae a más coches.
  3. Se atasca.
  4. Los ciudadanos exigen mayor capacidad y los políticos amplían 1 carril adicional para cada sentido.
  5. Volvemos al punto 2.

Este estudio propone un enfoque diferente para dotar de mejores comunicaciones a una nueva zona. La idea es dar prioridad a otras formas de transporte como el público, las bicicletas o el andar. Es curioso cómo en algunas zonas urbanas de ciudades importantes de EEUU no hay aceras.

Eso es porque todo el mundo se desplaza en coche para cualquier cosa.

La gestión del espacio es clave para solucionar las congestiones de tráfico

Solucionar las congestiones de tráfico en las ciudades puede enfocarse como un problema económico. En economía se estudia la gestión de bienes y servicios de naturaleza escasa para conseguir un determinado fin. ¿Cuál podría ser el recurso escaso en el problema de las congestiones de tráfico?

Una palabra: espacio.

Gestionar mejor el espacio es lo que está detrás de ambos estudios. En el primero se concluye que si hay infraestructura para bicicletas, se produce un mayor uso de ésta por parte de los ciclistas. En el segundo se afirma que priorizar el espacio entregado a los coches como medio de transporte en nuevas zonas urbanas no se traduce en una mejora del tráfico.

En un país como EEUU, donde el coche es la principal forma de transporte personal, hay alrededor de 1.000 millones de plazas de aparcamiento. Eso significa que hay unas cuatro plazas por cada coche en el país. Su importancia es tal que las ciudades dedican hasta un 60% del escaso espacio disponible a los vehículos.

Esta cifra parece exagerada y por fortuna en las ciudades europeas no se llega a estos niveles. Pero no hay más que mirar por la ventana para ver la cantidad de carriles y espacios de aparcamiento dedicados a los vehículos.

Ciudades como Londres, París, Berlín, Hamburgo, Bruselas y Madrid llevan tiempo o están restringiendo el uso del coche particular en sus calles más transitadas. Algunas aplican restricciones parciales, otras totales. Pero la narrativa común es la de crear espacios para las personas y no para los coches.

Para ello, están reduciendo el espacio público de las calles dedicado a los coches y distribuyéndolo entre otras formas de disfrute y movilidad urbana: zonas verdes, aceras, transporte público, carriles bici.

Es en este último espacio donde la micromovilidad y los vehículos que posibilita cobrarán un especial protagonismo en el futuro inmediato. La transición hacia un modelo de transporte urbano que solucione la congestión de tráfico debe pasar por fomentar el transporte público y, especialmente, las infraestructuras y espacio dedicado a la micromovilidad.